Urología Funcional y Femenina

Es el área de Corporación Urológica del Mediterráneo encargada de la atención especializada de los problemas de salud relacionados con el funcionamiento anormal del tracto urinario inferior y de los problemas urológicos de la mujer.

El funcionamiento normal del aparato urinario inferior requiere que la vejiga se llene a bajas presiones hasta alcanzar una capacidad adecuada. En ese momento, se percibe la necesidad de tener que orinar la cual, en condiciones normales, es posible retener a voluntad hasta cierto límite. Finalmente,  también de forma voluntaria, se procede a relajar el esfínter urinario y, con ello, se inicia la micción. Cuando falla esta secuencia normal, surgen una serie de síntomas y signos que reflejan el mal funcionamiento. Muchas de las alteraciones del aparato urinario inferior pueden, a largo plazo, repercutir en el tracto urinario superior y provocar daño renal.

Ciclo Miccional


Unidad de Urología Funcional

Tiene como objetivo tratar de objetivar y cuantificar los parámetros que reflejan el funcionamiento del aparato urinario inferior para detectar anomalías, identificar las causas que subyacen y poder proponer los tratamientos con mayor probabilidad de éxito. Habitualmente, trabaja de forma integral junto a enfermeros especializados y fisioterapeutas incorporando programas de rehabilitación del suelo pélvico.

La evaluación del tracto urinario inferior requiere, con frecuencia, llevar a cabo unas exploraciones con un equipamiento especifico que tratan de medir los fenómenos físicos que se producen durante la micción.

Las alteraciones de la fase de llenado de la vejiga provocan toda una serie de síntomas y signos característicos: 

  • Ico Polaquiuria. Aumento de la frecuencia de las micciones.
  • Ico Nocturia. Levantarse por la noche a orinar.
  • Ico Urgencia. Tener que ir a orinar con imperiosidad.
  • Ico Incontinencia. Escapes de orina.

Las alteraciones de la fase de vaciado, son más comunes en los varones con hiperplasia prostática o con estenosis de uretra y se manifiestan por:

  • Ico Dificultad miccional. Tener que hacer fuerza para orinar.
  • Ico Chorro débil. Chorro con escasa fuerza.

Cuando la vejiga no es capaz de almacenar la orina se produce la incontinencia urinaria. Esta situación puede estar relacionada con una disminución de la capacidad de la vejiga, con alteraciones del esfínter urinario (que debe permanecer cerrado durante la fase de llenado) o con ambas.

La incontinencia urinaria del varón posee unas connotaciones especiales ya que, habitualmente, suelen asociarse a problemas prostáticos o ser secundarias a cirugías pelvianas. Esto obliga a un planteamiento específico con técnicas diferentes a las empleadas en la incontinencia urinaria femenina.

Urología femenina

Las mujeres pueden desarrollar toda una serie de problemas urológicos que se manifiestan de forma característica y requieren de un abordaje específico. Por ello, disponemos de una Unidad dedicada a la prevención y atención de estos problemas con urólogos de amplia experiencia.

Prolapso de órganos pélvicos

En condiciones normales, la pelvis femenina está organizada de forma que, alrededor de la vagina, toda una serie de ligamentos y fascias actúan fijando los órganos de la pelvis (vejiga, útero, recto, intestino delgado) a las estructuras óseas de alrededor. Si estos ligamentos y fascias dejan de ejercer su función debido a su debilitamiento, los citados órganos tiene a herniarse a través de la vagina que es una zona de menor resistencia. A esta circunstancia se le llama prolapso de órganos pélvicos ya que puede afectar a varios de los mismos, según el compartimento afectado.

La causa primaria es el debilitamiento de los músculos pélvicos y tejidos conectivos provocado por la edad, aunque otros factores también ejercen su influencia. Entre esos factores cabe destacar: los antecedentes familiares, el parto vaginal, las cirugías vaginales previas, la menopausia, el tabaquismo, la diabetes, la obesidad, el esfuerzo repetido de levantar objetos pesados, la tos crónica y el estreñimiento.

El prolapso de órganos pélvicos es una situación que puede llegar a ser muy invalidante. Sus síntomas se manifiestan especialmente al permanecer de pie y se van agravando a lo largo del día. Además de notarse la aparición de una masa que protruye y asoma por la vagina, se asocian con síntomas diversos tales como:

  • Ico Sensación de congestión vaginal, pesadez e incluso dolor.
  • Ico Dolor o molestias durante las relaciones sexuales.
  • Ico Pérdida del control de la vejiga.
  • Ico Micción involuntaria o chorro de orina inestable.
  • Ico Dificultad en los movimientos intestinales.
  • Ico Infecciones urinarias de repetición.
El cistocele (vejiga caída) se produce cuando es la vejiga el órgano que se hernia a través de la vagina. A medida que el tejido conectivo de la pared delantera de la vagina se debilita, la vejiga tiende a protruir dentro de la vagina. Esta es la forma de prolapso más frecuente y se puede manifestar con escapes de orina, con dificultad miccional, con infecciones urinarias de repetición o una mezcla de estas.

El rectocele se produce cuando es el recto el que impronta la vagina. Ocurre cuando el tejido conectivo de la pared posterior de la vagina cede provocando que el recto abombe la vagina. Esta situación puede provocar dificultad o dolor durante los movimientos intestinales.

El enterocele se produce cuando el intestino delgado empuja la parte posterior de la vagina hacia el introito. Habitualmente, se acompaña de otra forma de prolapso que se repara durante el mismo procedimiento. En los casos de mujeres a las que se les ha realizado una histerectomía (extirpar el útero), las estructuras naturales de apoyo de la vagina que dependen del útero ya no existen con lo que la parte superior de la vagina puede empujar hacia abajo, causando el prolapso de cúpula vaginal.

El prolapso uterino se produce cuando las estructuras de apoyo que lo sostienen están debilitadas, facilitando que el útero protruya por la vagina.

El tratamiento de los prolapsos de órganos pélvicos necesariamente será individualizado ya que requiere una correcta evaluación integral del suelo pélvico en cada caso, del tipo de prolapso y de su gravedad que viene determinada por el grado de afectación de las estructuras de sostén y el tiempo de evolución.

Por regla general, en fases iniciales, cuando los síntomas son leves, se aconsejan cambios en el estilo de vida, realizar los ejercicios de Kegel para fortalecer los músculos pélvicos o el uso de un pesario. Cuando los síntomas son lo suficientemente intensos como para afectar la calidad de vida, se recomienda la cirugía.

Reconstrucción órganos pélvicos


Es importante una evaluación precoz en las mujeres postmenopáusicas, especialmente si tienen antecedentes familiares o si han sido multíparas, para detectar la presencia de prolapsos en fases precoces con la finalidad de reforzar la musculatura del suelo pélvico y poder evitar la necesidad de cirugía.


Infecciones urinarias

Aunque no exclusivas de la mujer, son especialmente frecuentes en estas y constituyen una de las causas más comunes de consulta urológica. Una correcta evaluación de los antecedentes personales, de las circunstancias que las desencadenan (cuando las hay), descartar una patología subyacente y, finalmente, una correcta elección del antibiótico y de la forma de administrarlo son los pilares en los que asienta un correcto manejo de las infecciones urinarias. Si alguna de estas premisas no se tiene en consideración, las mujeres pueden estar abocadas a padecer infecciones de repetición, a veces de difícil manejo.

Es importante una evaluación especializada precoz en las mujeres con infecciones urinarias, tanto más, cuanto más temprana sea la edad de inicio.

Fístulas vesico-vaginales

Son las fístulas uro-genitales más frecuentes y consisten en la presencia de una comunicación anormal entre la vejiga y la vagina, lo que condiciona la aparición de una incontinencia de orina por escapes de esta a través de la vagina. De forma característica, la incontinencia es continua e independiente de la postura que adopte la paciente. No obstante, existen situaciones, en fístulas de pequeño tamaño, en las que la incontinencia es de menor intensidad y pueden ser difíciles de diagnosticar.

Suele darse como complicación de cirugías ginecológicas, especialmente tras una histerectomía (extirpación del útero).  La aparición de una incontinencia, sobre todo si es continua, en una mujer con antecedente de intervención ginecológica o pelviana previa, debe hacer sospechar siempre su presencia.

Requieren de una evaluación exhaustiva y rigurosa para poder ofrecer el tratamiento más apropiado a cada caso.  El diagnóstico exige la visualización a través de una cistoscopia y colposcopia, demostrando la comunicación de orina entre la vejiga y la vagina. A veces las fístulas no son tan evidentes y obligan a teñir la orina con colorantes (azul de metileno) o a realizar estudios radiológicos con contraste vesical a repleción.

Esta complicación suele tener una solución quirúrgica con alta tasa de éxito definitivos en manos expertas, en la que influyen factores tales como el número, tamaño, causa y factores concomitantes (radioterapia, tumores, número de cirugías previas).  Nosotros empleamos un abordaje por vía vaginal o laparoscópico, según la localización, número y tamaño de la fístula, siempre buscando el acceso mínimamente invasivo.

FÍSTULA VESICO-VAGINAL


Este tipo de cirugía requiere de especialistas con experiencia y suele acompañarse de excelentes resultados.

Embarazo

Durante el embarazo pueden surgir problemas urológicos que requieran de una evaluación especializada. El manejo de los problemas urológicos comunes (infecciones, litiasis, tumores) durante el embarazo presenta unas connotaciones especiales destinadas a proteger la función renal y la vida de la madre, evitando perjuicios al embrión o al feto. Asimismo, en algunos casos los problemas urológicos de base pueden agravarse durante el embarazo. Así, una mujer con infecciones urinarias de repetición necesita un control más riguroso durante este periodo para evitar pielonefritis, las cuales se asocian a un mayor riesgo de embarazo prematuro.

Las mujeres con problemas urológicos de base deberían pasar revisiones preventivas al quedarse embarazadas.

Síndrome de dolor pelviano crónico

Aunque no es exclusivo de mujeres, se presenta en ellas con mayor frecuencia. Son dolores continuos o recurrentes con duración mayor a seis meses y que pueden tener diversas causas específicas del órgano afecto (vejiga, útero, recto), de origen miofascial (músculos y fascias de la pelvis) o neuropático (nervios periféricos) pelviano. Este concepto engloba a diversos tipos de dolor, que se acompañan o no de síntomas relacionados con los órganos implicados vecinos (miccionales, digestivos, sexuales) y que suelen provocar un impacto psicológico significativo.

Los dolores crónicos pelvianos exigen una evaluación multidisciplinar cuidadosa con la finalidad de detectar las posibles causas subyacentes y aplicar el manejo más apropiado