El cáncer de vejiga es el cuarto tumor más frecuente en los varones y el octavo en las mujeres. Es uno de los tumores que más se relaciona con el consumo de tabaco y nuestro país tiene una de la mayores tasas de incidencia del mundo. 

En España se diagnostican cada año alrededor de 20.000 casos de los cuales algo más de la mitad son pacientes que debutan con su primer tumor y el resto son recurrentes, es decir, tumores que vuelven a aparecer en la vejiga en pacientes que ya habían sido tratados previamente. Dos de cada tres pacientes nuevos son fumadores o ex-fumadores. Los trabajadores en contacto con colorantes u otros productos químicos también tienen más riesgo de desarrollar esta enfermedad.

Incidencia del Cáncer de Vejiga en España


 Básicamente distinguimostres tipos de cánceres de vejiga según su agresividad: carcinoma in situ, carcinoma superficial y carcinoma infiltrante. Aunque la gran mayoría derivan de la mucosa que tapiza la vejiga, tienen comportamientos diferentes que obliga a diferenciarlos para poder aplicar el tratamiento con mayor probabilidad de éxito.

Carcinoma in situ (CIS)

Consiste en la presencia de células malignas que proliferan en un número anormalmente elevado, pero que permanecen confinadas en el epitelio sin invadir las capas más profundas. Aunque no haya penetrado en profundidad tiene un comportamiento agresivo si se deja sin tratar y tiende a evolucionar a carcinoma infiltrante con capacidad de metastatizar (extenderse a otros órganos). 

El CIS pasa a menudo desapercibido en la visión interior de la vejiga con cistoscopia convencional, apreciándose en otras casos una zona rojiza y aterciopelada que destaca sobre la superficie rosada normal. Habitualmente, se diagnostica mediante biopsias obtenidas al azar, procedimiento que se lleva a cabo ante la observación de imágenes sospechosas o cuando se descubren células cancerosas en la orina. 

Carcinoma de vejiga superficial o infiltrante

Existe una diferencia pronóstica importante entre un carcinoma superficial y aquel que invade el músculo de la vejiga. Cualquier tumor que no ha invadido la capa muscular se considera superficial. Una vez que la capa muscular ha sido afectada se denomina carcinoma infiltrante. Esta distinción es fundamental ya que de ella dependen actitudes diagnósticas y terapéuticas diferentes.

Los carcinomas superficiales tienden a reaparecer con frecuencia tras haber sido tratados mediante resección transuretral. Estas recidivas son casi siempre nuevos tumores superficiales que tienen poca tendencia a producir metástasis y sólo el 15% se transformarán en infiltrantes. 

Los carcinomas infiltrantes obligan a recurrir a tratamientos más agresivos ya que tienen capacidad de producir metástasis y comprometer la vida del paciente. Una vez que los tumores han adquirido la capacidad para invadir el músculo, pueden penetrar en los vasos linfáticos y sanguíneos y, a través de ellos, extenderse a otros órganos. Los sitios más comunes en los que se desarrollan las metástasis son los ganglios linfáticos locales en la pelvis, el hígado, los pulmones, los huesos y las glándulas suprarrenales. 

Tipos de Cáncer de Vejiga

Síntomas

Los síntomas que obligan a descartar un cáncer de vejiga en varones o mujeres a partir de los 40 años, especialmente si son o han sido fumadores son:

Ico Hematuria macroscópica. Sangre en la orina visible a simple vista.
Ico Hematuria microscópica. Sangre en la orina visible al microscopio.
Ico Síndrome miccional irritativo de causa incierta y duración prolongada.

El síntoma más frecuente que lleva al diagnóstico de un cáncer de vejiga es la hematuria (presencia de sangre en la vejiga). Es una hematuria que puede acompañarse de coágulos o no y que no suele asociarse a otros síntomas. Puede tener una duración variable y tras un primer episodio permanecer bastante tiempo sin repetirse. Por ello, ante cualquier hematuria es obligatorio consultar con el urólogo.

El segundo síntoma en frecuencia es la presencia de un síndrome miccional similar al que provoca una infección urinaria, aunque duradero y persistente. Este consiste en tener que ir orinar más veces de lo habitual (polaquiuria), con escozor o dolor, urgencia, e incluso con escapes de orina (incontinencia).

Diagnóstico

El diagnóstico se basa en visualizar primero el tumor en el interior de la vejiga para posteriormente extirparlo con la finalidad de conocer el tipo de tumor del que se trata. 

La mayor parte de los casos se diagnostican al realizar una ecografía del aparato urinario para estudiar los síntomas antes referidos. Otras veces es necesario realizar una cistoscopia para confirmar la sospecha y, finalmente, en raras ocasiones se diagnostica al detectar la presencia de células tumorales en una citología urinaria.

Para planificar la cirugía y descartar que el tumor se haya extendido a los ganglios de la pelvis o a otros órganos (metástasis) recurrimos a la realización de una Tomografía Axial Computarizada (TAC)  o una Resonancia Magnética Nuclear (RMN) 

Tratamiento

Aunque el tratamiento es diferente según se trate de un carcinoma superficial, infiltrante o un CIS, el procedimiento inicial y común a todos es la Resección transuretral vesical (RTU) que permite eliminar el tumor en la mayoría de los casos y analizarlo para ver a qué tipo pertenece.

Carcinoma vesical superficial

Resección transuretral vesical (RTU)

Es el tratamiento estándar mediante el cual se extirpa el tumor y la zona de alrededor. Este tratamiento suele ser suficiente en la mayoría de casos, aunque el riesgo de recurrencia (aparición de un nuevo tumor en la vejiga) suele ser alto, especialmente cuando se trata de tumores múltiples, de alto grado o el paciente ya ha tenido episodios previos.

En cada paciente valoramos de forma personalizada el riesgo de recurrencia y el estado de salud general para decidir si proceder a tratamientos complementarios con la finalidad de reducir el riesgo de que el tumor vuelva a recurrir, evitando así tratamientos innecesarios.

Los pacientes con alto riesgo de recurrencia del cáncer pueden recibir, tras la RTU, un tratamiento con instilaciones de quimioterapia o inmunoterapia administrada en la vejiga a través de una sonda vesical.

En el caso de CIS el tratamiento de elección tras la RTU son las instilaciones vesicales con inmunoterapia BCG, creada a partir de bacilos tuberculosos atenuados que dan lugar a una importante reacción inflamatoria de la vejiga tras su administración. Debido a que es una lesión que no es excrecente, puede no ser visualizada en la cistoscopia. Por ello, todo paciente con CIS requiere una evaluación endoscópica posterior para comprobar la respuesta tras el tratamiento inicial con nueva biopsia bajo anestesia en la que se toman muestras al azar de todas las áreas de la vejiga, tanto de las de aspecto normal como de las aparentemente anormales.

Carcinoma vesical infiltrante

Cistectomía radical  

Es el tratamiento de elección para el cáncer de vejiga infiltrante. La cirugía ofrece la mejor oportunidad de curación a largo plazo en la mayoría de los pacientes con enfermedad infiltrante limitada a la pelvis. Prácticamente todas las cistectomías para el cáncer son radicales, lo que significa que se elimina toda la vejiga. En pacientes muy seleccionados se pueden realizar cirugías parciales de la vejiga.