El carcinoma de células renales (CCR) es el tipo más común de cáncer de riñón. Aunque habitualmente es único, puede ser múltiple y bilateral. Los pacientes con tumores bilaterales, múltiples o con un inicio temprano de la enfermedad, podrían presentar una predisposición genética para desarrollar un CCR como ocurre en los pacientes con enfermedad de Von Hippel-Lindau (VHL) o con esclerosis tuberosa.

Se ha estimado que, alrededor del 30% de los CCR en los hombres y el 25% en las mujeres pueden deberse directamente al consumo de tabaco. También se ha sugerido un mayor riesgo en personas con sobrepeso o que ingieren una dieta rica en grasas. Otros factores, como la exposición al asbesto o cadmio, también se han considerado predisponentes.

La mayoría de los quistes renales son benignos y no requieren ningún tipo de tratamiento ni seguimiento. No obstante, los pacientes con insuficiencia renal crónica tratados con diálisis durante largos periodo de tiempo, pueden desarrollar quistes en los riñones a partir de los cuales se pueden desarrollar CCR.

Síntomas

En el pasado, se diagnosticaban los CCR sólo después de que hubiesen alcanzado grandes dimensiones y provocaran síntomas como dolor en el costado, masa palpable en el abdomen o sangre en la orina (hematuria). 

En la actualidad, más del 70% son diagnosticados en etapas precoces de la enfermedad, al ser detectados de forma incidental durante el estudio mediante ecografía o TAC para la evaluación de otros procesos médicos.

Los síntomas que puede producir un cáncer de riñón son:

   Ico Hematuria. Sangre en la orina.
   Ico Dolor lumbar. Parte baja de la espalda.
   Ico Masa abdominal.
   Ico Pérdida de peso que es rápida o no intencionada.
   Ico Fiebre de origen desconocido. 
   Ico Edema (hinchazón) de los tobillos y las piernas.
   Ico Hipertensión arterial.


Aunque estos síntomas pueden sugerir la presencia de un cáncer renal, son inespecíficos y normalmente son debidos a enfermedades no cancerosas. 

Diagnóstico

Generalmente se diagnostican mediante la realización de una ecografía abdominal  en la que se aprecia una masa renal sólida a diferencia de los quistes renales que suelen ser en su mayoría benignos.
Tras la ecografía debe realizarse una TAC para definir bien el tamaño, localización y relación con estructuras de alrededor. De esta forma, podemos decidir si proceder a un tratamiento conservador  (nefrectomía parcial, electroporación percutánea) o radical (nefrectomía radical).

tac rinon


En casos de tumores susceptibles de seguimiento o tratamiento conservador percutáneo llevamos a cabo biopsias renales percutáneas para tratar de obtener la máxima información posible sobre el potencial maligno de la lesión.

Tratamiento

La cirugía es el tratamiento de elección para el cáncer de riñón. En algunos pacientes de edad avanzada y con enfermedades serias concomitantes, los tumores de pequeño tamaño pueden ser sometidos a revisión controlando periódicamente su crecimiento.

Desde nuestra perspectiva de valorar los tratamientos mínimamente invasivos y más conservadores posibles, procuramos evaluar siempre las posibilidades de cirugía conservadora (nefrectomía parcial, tumorectomía). Llevamos a cabo la cirugía por vía laparoscópica o, en casos seleccionados, aplicamos de forma percutánea tratamientos de electroporación o radiofrecuencia. En los pacientes con tumores bilaterales, con un solo riñón o con insuficiencia renal, la cirugía conservadora es obligatoria, siempre que técnicamente sea posible.

Nefrectomía parcial laparoscópica

La mayoría de los cánceres de riñón se tratan con cirugía, logrando una curación en más del 80% de los casos. La técnica quirúrgica de elección es normalmente la laparoscopia, salvo en tumores muy grandes. Esta técnica es tan efectiva como la cirugía convencional pero resulta menos agresiva, permitiendo que el paciente se recupere más rápidamente y con menos problemas de pared abdominal. Los tumores de gran tamaño (más de 6-7 cms) requieren normalmente la extirpación completa el órgano (nefrectomía radical). En los tumores de menos de 6-7 cms la técnica de elección es la nefrectomía parcial, en la que puede preservarse la mayor parte del riñón intacto, ofreciendo unos resultados de curación a largo plazo equivalentes a los de la cirugía radical. 

nefrectomía parcial


Nefrectomía radical laparoscópica

La cirugía abierta estándar para extirpar un riñón requiere una incisión abdominal o lumbar larga que puede requerir extirpar alguna costilla para obtener una vía de abordaje quirúrgico apropiada. Nosotros reservamos esta técnica sólo para aquellos tumores de gran tamaño y situados en zonas de difícil acceso laparoscópico.

Preferimos en todos los demás casos la cirugía laparoscópica que se lleva a cabo con la introducción, a través de la pared abdominal, de cuatro a cinco tubos cilíndricos pequeños, llamados trócares. A través de estos trócares se introducen instrumentos que permiten la visión, disección, exéresis y extracción del riñón enfermo tras colocarlo dentro de una bolsa. 

Además de los mejores resultados estéticos, muchos estudios demuestran que la cantidad de analgésicos requerida, el tiempo de estancia en el hospital y de convalecencia son significativamente menores con la laparoscopia.

nefrectomía radical


Electroporación y radiofrecuencia

En pacientes muy seleccionados con tumores pequeños, de baja agresividad en la biopsia y en lugares accesibles, podemos proponer la radiofrecuencia o electroporación percutánea. Ambas son técnicas que llevamos a cabo introduciendo unas agujas través de la piel con control de TAC y que colocamos alrededor de la lesión, asistidos por nuestros radiólogos. De esta forma evitamos los riesgos asociados a toda cirugía.

tratamientos percutáneos